JOSÉ “PEPE” GALANTE: “El camino y la identidad del Vino Argentino ya está bien definido y estamos transitándolo»

Es uno de los referentes de la enología moderna argentina de los últimos 30 años. Lleva más de 45 cosechas en su haber. Chief Winemaker de bodega Salentein y de su proyecto familiar Puramun Wines.
Hoy 17 de abril es el Día Mundial del Malbec y que mejor homenaje que entrevistar a uno de los referentes de la Enología Argentina y gran hacedor de nuestra cepa insignia como es el gran José “Pepe” Galante. Si bien nació en una familia relacionada al mundo del vino (su abuelo, inmigrante italiano tuvo su propia bodega y su padre fue encargado de una bodega) los planes para él eran el de ser contador, hasta que un día se dio cuenta que todas sus vivencias al lado de su familia no habían sido en vano y comenzó la carrera de Enología en Don Bosco. Pepe recuerda: “Siempre digo que esa es una faceta oscura de mi vida (risas), mi nono llega de Italia y siempre estuvo vinculado al mundo del vino de hecho llegó a tener una pequeña Bodeguita en el este de Mendoza y mi papá, lo mismo, siempre trabajando en el mundo del vino, pero era el que me insistía que estudie Ciencias Económicas, entonces rendí el preuniversitario de aquella época, pero después mi cabeza hizo un click y dije esto no es lo mío, venía de Mendoza, me bajé ahí en Rodeo del Medio y me inscribí en la Facultad”.
-¿Dónde empezaste a trabajar cuando terminaste la carrera?
-Empecé trabajando en Esmeralda que era la bodega de los vinos boutique que tenía en aquella época Catena Zapata, donde se hacían los vinos de alta gama de la familia y la etiqueta más emblemática que hoy está presente en el mercado, Saint Felicien. Y a fines de los 80 es cuando Jorge Catena, el hermano de Nicolás, hizo una maestría en Davis y ahí lo conoce a Paul Hobbs y lo invitó a Mendoza. Empieza a venir a fines de los 80 y ahí es cuando Catena comienza a diseñar, todo lo que después empezó a concretar firmemente a partir de los 90.
-¿Cómo fue esa experiencia de intercambio de conocimientos con Paul Hobbs?
-Me acuerdo cuando venía y traía algunos vinos americanos, los probábamos y decíamos ¿qué es esto? Eran algo totalmente novedoso para nosotros porque lo que hacíamos en aquel momento era vino con aspiraciones de alta gama, pero que en realidad no tenían la fruta, ni la frescura, ni el nervio, ni la vivacidad que tenían esos vinos que se estaban produciendo en Estados Unidos, así que era pensar que era lo que lo que había adentro de esas botellas.

-¿Cómo era la industria en esos tiempos a nivel técnico?
-Era algo curioso porque en realidad, lo que nosotros hacíamos éramos “destruir” los vinos, porque no había una vocación de nivel de detalle, tanto en el viñedo como en la bodega, no existía este concepto del manejo de la canopia, la pureza varietal, etcétera. Se hacía lo que se podía, disponíamos de esas cubas de madera que tenían décadas y décadas totalmente obsoletas que en realidad eran máquinas de oxidar más que otra cosa, además toda la tecnología que había era de muy mala calidad.
-¿Y cómo y cuando empezaron los cambios y las mejoras en la industria?
-En los 90 hice mi primer viaje a Estados Unidos, estuvimos un mes trabajando con Paul Hobbs. Por la mañana recorríamos viñedos, probábamos los mostos, los vinos en sí y a la tarde teníamos reuniones en otras bodegas para ir a visitar y probar sus vinos. A mi cabeza le faltaba espacio para meter toda lo que uno estaba viviendo en ese momento y después quedaba volver a Mendoza, empezar a armar equipos de trabajo, y tratar de introducir esos conceptos de meticulosidad, de cuidados, esa nueva filosofía en cuanto a la elaboración de los vinos y el cuidado de los viñedos. Todo eso sumado a la década del 90 y su paridad económica que acercó y facilitó acceder a tecnología de muy buena calidad, llegaron los primeros tanques de acero, las primeras barricas, los equipos de molienda, de prensado, etc. Después en el 92 ya nos fuimos a Europa e hicimos toda la zona del sur de Francia y Burdeos, en el 94 recorrimos toda la Borgoña y terminamos de nuevo en Burdeos, todo el Valle del Loir. También viajamos a Italia y España para ver todo lo que estaba pasando.
-¿En ese momento es cuando también las bodegas comienzan a buscar nuevas zonas?
-Fue mucha la información que recibimos y se pudo trasladar e implementar rápidamente, y eso es algo que siempre destaco y lo pongo en valor de aquella época, y es la formación que nos dieron a nosotros en la Facultad de Enología y en especial la figura del Padre Oreglia, que fue el fundador de la Facultad y una persona que nos dio los elementos y la capacidad para entender el conocimiento. Por eso en busca de mejores temperaturas y mejor amplitud térmica llegamos al Valle de Uco, fue un camino maravilloso el que se recorrió y los resultados fueron increíbles y nos han llevado al lugar que estamos hoy.
-¿También los llevó a poner en valor otros varietales, como el Chardonnay?
-El Chardonnay fue revolucionario, porque en ese momento hacer un Chardonnay con fermentación y crianza en barricas de roble francés, fue una cosa novedosa. Tengo pruebas contundentes de que fui el primer enólogo en fermentar Chardonnay en barricas de roble francés en el 90, porque ese primer contenedor de barricas que llegaron eran de François Frere de la Borgoña y llegó al puerto de Buenos Aires y no lo liberaban y la razón era porque hacía 50 años que Argentina no importaba barricas y no tenían la posición arancelaria para clasificar esa mercadería.

-¿Y cuándo empieza el boom del Malbec?
-El proyecto estaba diseñado para la exportación, el Malbec es un varietal que recién llega al portafolio de Catena en el 94, y fue también revolucionario porque nosotros hicimos ese primer Malbec y se vendió rápidamente, de ahí en adelante, empezó a tomar relevancia, prestigio y pasó a ser el vino más importante del portafolio de la bodega, dejando atrás al Cabernet Sauvignon. Ya en el 2000 se empezó a comprobar esos resultados, a nivel marketing con los puntajes de vinos de los críticos y lo que más importa, la calidad de esos vinos con un estilo totalmente distinto a lo que fue en los 90.
-Hablaste de los puntajes, ¿Qué significa haber llegado a tener vinos 100 puntos?
-Está buenísimo que suceda porque explica todo este trabajo de 30 años. Creo que ya el horizonte está mucho más claro y no tengo muchas dudas hacia dónde vamos y cuál es el camino. Con todo lo que ha aparecido con las Indicaciones Geográficas, con todo este conocimiento vertiginoso que se ha producido en los últimos años es consecuencia de todo ese trabajo previo que se fue realizando. Sacarle la máxima expresión a esas regiones que hoy sabemos el potencial que tienen, por eso tenemos que trabajar en consecuencia para terminar de afirmar y de definir ese estilo, ese carácter que identifique esas zonas como Pampa El Cepillo, Altamira, Chacayes o San Pablo, como lo venimos trabajando en Salentein. El camino y la identidad del vino Argentino ya están bien definidos y estamos transitándolo.
-¿Qué significa ser el Chief Winemaker de bodega Salentein?
-Siempre tuve plena libertad para trabajar en Salentein y la premisa siempre fue la calidad por sobre todas las cosas, con lo cual en función de eso estás autorizado a hacer lo que vos quieras y un gran motivador para trabajar fue el hecho de que la bodega tiene todos sus viñedos en Valle de Uco, lugar que me fascina. De hecho, una de mis primeras decisiones fue armar un pequeñísimo departamento de investigación y su responsabilidad era hacer microvinificaciones, seguirlas en el tiempo, probar e ir aprendiendo cómo funcionaban las distintas alturas y los distintos varietales a distintas alturas.
-Por último, hablemos de tu proyecto familiar, Puramun Wines…
-Tenemos hoy cinco vinos, un Malbec que es un blend de distintas regiones dentro del Valle de Uco, y en el 2013 hicimos el cofermentado de Malbec y Petit Verdot. Después en el 2016 hicimos un Chardonnay, que ese era una deuda familiar, que yo tenía sobre todo con mi esposa que era la que lo reclamaba(risas), en el 2018 hicimos un Cabernet Franc con un estilo en nariz un poquito herbal, que es lo que a mí me gusta del Cabernet Franc y en el 2020 hicimos un poquito de Pinot Noir. Es un proyecto familiar porque solo no lo podría haber hecho, ellos son los que me ayudan en todo, yo lo único que hago son los vinos y del resto de las actividades se encargan mis hijos.
